Bienvenidos al Blog dedicado enteramente a Jareth, el Rey de los Gnomos... y a su Laberinto.
Importante: Jareth, Sarah, y todos los personajes de la película Laberinto son propiedad de Jim Henson, George Lucas y muchas otras personas talentosas que trabajaron con ellos. ♥

domingo, 24 de julio de 2011

Te llevo bajo mi piel...

Así reza una canción un poquito anticuada, ¿no? (I catch you under my skin...) jajaja! Ok, el título de este post está inspirado en el nombre de esa canción, y no en otra cosa (aviso para que no esperen hallar ningún detalle comprometedor...)
Mi romance con Laberinto comenzó más o menos así:
Era una tibia noche de verano... la casa estaba abierta, como de costumbre, debido al sofocante calor del día, y un mullido sillón individual (mi refugio favorito a la hora del ocio creativo) se hallaba deliciosamente colocado entre la puerta principal y las dos inmensas ventanas del living, de frente a la televisión. Era un sitio codiciado no sólo por comodidad, sino por su ubicación estratégica (la corriente fresca de la noche veraniega hallaba corredor entre la puerta y las ventanas abiertas) y como la puerta principal comunicaba directamente a la galería, el viento traía consigo el exquisito aroma de las Damas de Noche en flor.
Y allí estaba yo. Derrumbada, aburrida, aunque ciertamente muy cómoda. Contemplando en el cielo nocturno todas y cada una de las rutilantes estrellas. Cómo agradezco haber nacido en el campo. La noche traía promesas; sentí un deseo muy ferviente de escribir. No recuerdo exactamente cuántos años tenía. Diez, quizá. Lo que sí recuerdo perfectamente es una sombra que se arrancó desde un sector oscuro de la sala y se desplomó sobre el sillón contiguo. Era uno de mis hermanos, quien, más aburrido que yo, decidió curiosear "qué había en la tele..." 
- Ufffff- pensé yo. No sólo este mortal había irrumpido en mi momento de relax, sino que además me había pillado la oportunidad de elegir primero una buena película. Mis ojos revolotearon entre la pantalla y la ventana. Mi hermano no encontraba nada. Al cabo de un rato desistió de la infructuosa búsqueda y me dije "ahora o nunca." 
De un salto, tuve el control de la decisión de lo que se iba a mirar esa noche; me sentí poderosa... Las imágenes pasaban, aburridas, unas tras otras y... nada.
De repente, mi hermano saltó de su lugar como si lo hubiesen pellizcado. 
- ¡Esperá! ¡Esperá! - me gritó. Frené en seco. Ávido amante del cine, mi hermano reconoció la película tan sólo por los títulos. 
- ¿Qué? - Le pregunté con fastidio. Seguro que era otra de esas historias bélicas tan horrorosas. Nam, Patton, ésas cosas que le gustaban a él.
- ¡Dejála! ¡Dejála que está buenísima! - Insistió.
- Uff... ¿en serio? - gruñí escéptica. Seguro que intentaba engatusarme.
- ¡Sí, creeme, te va a encantar! - Chilló. Oh, de acuerdo. La dejo. Pero más vale que valga la pena o te mando a mi lista negra...
Recuerdo que mi primera intención (maliciosa) fue buscarle el primer defecto para señalarlo con mi acusador dedo índice y aullarle implacablemente a mi hermano que la película era un desastre y la cambiaba en el acto. Así que esperé, ansiosa en el borde del asiento, poder hincarle los colmillos en cuanto me dieran oportunidad.
En cuanto sonaron los acordes de la intro con esa deliciosa mezcla de Underground recuerdo que todas las fibras de mi cuerpo alucinaron al unísono.
- ¡Qué linda música! - Exclamé, tarambana. Mi hermano no me escuchó, estaba más atento que yo.
"De acuerdo. Tiempo, tiempo... Algún defecto tendrá, ya verás, mi hermano no puede tener la razón siempre...", me dije. Y seguí esperando.
Cuando Sarah irrumpió en el parque lo primero que pensé fue "Oh, ya sé. Ésta mina es un hada o un elfo, o algo por el estilo... qué predecible." Pero cuando la tormenta se le vino encima, y ella tomó su vestido para echar a correr con los jeans debajo, aluciné. Era una chica normal, como cualquier hija de vecino. ¿Entonces estas cosas le suceden a gente como uno? ¡¡Fantástico!!
Y, sí... se imaginarán lo que pensé la primera vez que vi a Jareth en mi vida. Recuerdo que, tras unos momentos de estupefacción (no recuerdo muy bien cuánto tiempo pasé en ese estado) un "Guuuuaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaauuuuuuuuuu" gigantezco retumbó dentro de mi mente, incapaz de escapar del embrujo de ese engreído mago malcriado.
Oh, Dios... su cabello (¡¡dorado y salvaje como el de un león!!), sus ojos, su voz... ¡¡¡¡todo!!!!! 
Y cuando la historia llegó por fin al baile de las máscaras... Jamás en mi vida me había sentido como en aquel entonces. Deslumbrada, enamorada, creo que me pregunté exactamente lo mismo que Sarah: "¿Qué es esto que estoy sintiendo?" "¿Por qué me siento así?" Me estremeció hasta los huesos.
Laberinto marcó un antes y un después en mi vida. No es sólo una historia de fantasía, ni sólo un cuento romántico para las niñas... La historia en sí misma me dejó muchas enseñanzas. Me dijo que crecer no es malo; que se puede ser un adulto alegre. Que a veces hay que renunciar a lo que amamos, por cuestiones de mucho peso, pero que eso no significa necesariamente que es para siempre. Sarah nunca destruye a Jareth. La lechuza en su ventana es una clara evidencia de que, así como su tenacidad era tan firme como la de ella, ambos buscarían el modo de recuperar el contacto... en algún venturoso momento.
La película terminó... y mi hermano se convirtió en mi referente cinéfilo por excelencia.





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